Juan slm |Enlace
La Lista
Nominal de electores en México cuenta con un segmento, digamos, de votantes con
reserva de capacidad productiva evidente; son el 50 por ciento, unos 44
millones, y van de los 18 a los 39 años, si ponemos un promedio.
El otro
50 por ciento son alrededor de 41 millones y su edad fluctúa de los 40 en
adelante.
Un mito
siempre ha prevalecido en torno a una elección, máxime si ésta es presidencial:
El segmento de la juventud es definitorio.
Sin
embargo, la sensatez, el criterio menos apasionado, recae en el segmento de la
“momiza”.
Importante,
también, un segmento impuesto por las famosas empresas encuestadoras, “los
indecisos”. Éste, ni dudarlo, el del “voto razonado”, es, también, acaparado
por los “cuarenteros” en adelante.
No son
cautivos de un partido específico; sufragan por el candidato o partido con
mayor posibilidad de cumplir las promesas de gobierno; por el candidato o
partido de mejor estructura, consolidado, sin debilidades en su interior, al
menos en el lapso del proceso electoral.
Un
ejemplo visible es el de la Izquierda, Morena, específicamente. Para muchos, la
juventud es, por antonomasia, rebelde, y ser rebelde es sinónimo de un extremo,
incluyendo la derecha.
A Andrés
Manuel López Obrador lo rodea mucha gente adulta, de ahí los programas
populares con mayor demanda.
Con la
juventud suelen crearse muchos espejismos.
Existe,
sí, un sector joven en la Izquierda marcado, principalmente, por motivos
románticos y existencialistas, pero son los menos.
La
preocupación del PRI por atraer a los jóvenes y seducirlos rumbo al 2018, también,
cómo ese sector, contrario a las leyendas, sí sufragaba por el tricolor.
En el PRI
es una tarea casi secular la formación de cuadros jóvenes. Y, se debe
reconocer, lo he visto de cerca, sin menospreciar los también muy dedicados de
otros partidos, una voluntad, gusto y emoción de parte de los muchachos.
En 1950,
eso llevó al entonces Presidente Miguel Alemán a crear el Instituto Nacional de
la Juventud Mexicana, identificado profundamente con el PRI.
En el
México actual ya no hay sectores menores a la hora de votar. Ya ni siquiera los
muertos votan. Poco a poco han sido desterrados de las listas nominales.
Sufragan y eligen los vivos.
Jóvenes o
adultos, mantienen o derrumban a cualquier aspirante o gobernante.
La
respuesta a esta pregunta puede ser aclaradora: ¿Quién inclinó la balanza, en
Nuevo León, en favor de “El Bronco”?
En
Estados Unidos, los candidatos a la Presidencia suelen utilizar, una y otra
vez, a los migrantes para conseguir votos.
Una y
otra vez les ofrecen el cielo y las estrellas. Y como dice la canción: “… Y así
va pasando el tiempo…”.
Cuando
llegan al cargo se olvidan de ellos.
Claro,
Estados Unidos es un país con 40 y tantos millones de inmigrantes de todo el
mundo. Es decir, una presencia real para definir el resultado de cualquier
elección, hablando de quienes pueden ejercer el derecho a sufragar.
En México
ocurre lo contrario; mucha población en edad de votar no reside en el país. Sí,
su principal objetivo de vida es Estados Unidos.
Es,
además, ruta de gran parte de quienes conforman esa masa de inmigrantes en la
población estadounidense.
“Sin duda, en la medida en que el PAN se
acerque a los ciudadanos ayudará a recuperar la presidencia municipal, la
gubernatura, la Presidencia de la República, los congresos, y espero que sea,
justamente, la oportunidad de convertir el PAN en instrumento de los
ciudadanos”.
Lo mismo
han dicho los últimos presidentes nacionales panistas, pero el divorcio
persiste. Lo proclamó Gustavo Madero cuando, después de las elecciones del
2012, el albiazul vio reducido su padrón interno casi a nada.
Pero,
además, ¿cómo un partido va a reconciliarse con la sociedad cuando no se reconcilia
ni con él mismo?
El
problema, no sólo del PAN, sino del PRD y otros partidos, no es, únicamente, la
intención de hacerlo, sino de encontrar el modelo de satisfacer las
perspectivas ciudadanas, y eso no se obtiene de la noche a la mañana, ni en dos
o tres años.
Y el
modelo incluye la existencia de líderes reales con fuerte porcentaje de
atracción y convicción.
Además,
no sólo apunta a convertirse en satisfactores de un sector específico de la
sociedad en posibilidad de sufragar, como algunos pregonan.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario